Esta lucha que mi cuerpo mantiene
con mi cuerpo.
Yo, una extranjera presenciando la batalla,
una trivial observadora de conductas.
Esta contienda, me pertenece.
Esta nación beligerante me acompaña
noche y día.
Los aliados,
de mis músculos, adueñados.
Mis huesos no son míos, son de otro.
Al margen estoy
esperando atenta las señales
que me indiquen el paso para mis pasos.
La alegría debida para mi vida.
El fin de la lucha mantenida.

9 comentarios:
Llevo varios intentos de comentario y no me gusta ninguno.
Es que el poema es singular (me gusta muchísimo) y tan íntimo que temo meter la pata.
Besos.
Abrazos solidarios... es serà una revoluciòn acaso?
Yo, cada vez me sorprendo más de las reacciones de mi cuerpo, con la edad que tengo y a veces no lo conozco, pero claro, los huesos ya se están quejando.
A mí también me gusta mucho el poema. Abrazos
Cuando ya no luchas y te alías el cuerpo pasa a ser un buen y estimado amigo.
Un poema bello y íntimo como comenta Toro.
Besos
La lucha cotidiana de lo que nos habita, nuestras pertenecias y compañías. Bellísimo.
Un saludo grandote y que pases lindo domingo.
Me gusta mucho, ¿sabes?
¡Qué difícil ser observadoras de lo más cerca que tenemos.
Besitos
Gracias y besos.
Un poema, además de bello, novedoso. Abrazos.
nuestro peor enemigo somos nosotros mismos, interminable batalla.
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