La luz de la mañana inunda pasillos de puertas cerradas,
por las ventanas parece alongarse el silencio.
Lo escondido reaparece tras la ingenua búsqueda.
Siempre hay novedades por descubrir en el Parador,
y en su interior, los días son semanas.
Sólo las escalinatas de piedra rezumando Atlántico
y el reconocible y límpido azul del cielo
son reales,
el resto es un misterio.
Los muebles duermen bajo sábanas blancas,
los frescos de Manrique secuestran mi imaginación;
el campo, el sol, la tierra y los pescadores
sujetan las paredes mientras
las vendimiadoras se aferran a los marcos para
no ser devoradas por el viento.
El parador es
un sueño,
la película vivida,
un cuento
que desaparece cuando en la noche
la oscuridad borra pasillos, habitaciones, ventanas
y los mayores animan a los pequeños a irse a la cama.

9 comentarios:
Un lugar precioso, según lo describes. Abrazos
Hummmmm qué apetecible ese parador... No me importaría pasar unos días, o, semanas, allá.
Un beso grande.
Es donde el alma reposa. Abrazos.
¡Qué gozada! Habrás disfrutado, no?
Besitos
Como me ha gustado todo lo que escribes aquí en verso. Precioso.
¡Que sueño más lindo! Un abrazo.
Veronika
El Parador descansa de las miradas por la noche.
Un sueño de años, vidas y voces.
Delicioso.
Besos.
Como el misterio de algún sueño...
Saludos muchos, bonito día para vos.
Gracias por la compañía.
Besos
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