Me quiso enseñar
desde el balcón de su ático
las gaviotas sobrevolando el mar,
las barquillas varadas en la playa,
la costa y los islotes;
no se resistieron, ni las nubes
acariciando los charcos.
pero cuando me sentó sobre sus rodillas
supe que no podía ser
y no le dije adiós,
sólo me fui,
bajé las escaleras
y nunca más volví.

8 comentarios:
Siempre hay uno que da más que el otro, y otro que tiene más decisión que el uno. Abrazos
Hay intuiciones poderosas que hemos de obedecer para evitar el descalabro.
Besos.
La vida esta llena de símbolos, solo hace falta estar atento.
Un abrazo
Era el escenario perfecto, más la señal era equivocada...
Un abrazo, Monique.
Tal vez somos muy exigentes, basta un detalle para romper el hechizo.
Besos
Demasiado idílico para ser cierto...
Me pareció triste. Buen poema.
Un saludo.
Gracias a todos por la compañía.
Abrazos.
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