Me quiso enseñar
desde el balcón de su ático
las gaviotas sobrevolando el mar,
las barquillas varadas en la playa,
la costa y los islotes;
no se resistieron, ni las nubes
acariciando los charcos.
pero cuando me sentó sobre sus rodillas
supe que no podía ser
y no le dije adiós,
sólo me fui,
bajé las escaleras
y nunca más volví.
