En el amor nos desatamos los botones del alma, dejamos de ser y deseamos perdernos en aguas insospechadas que anidan en el pecho y en las tripas. Entregando las armas, nos rendimos ante dos pupilas.
Yo quería ser una en un ovillo interminable,
olvidada del nombre de las cosas
abandonarme a la suerte de una sonrisa en mi sonrisa tatuada y
no necesitar salvar la piel en guerra alguna desatada.
Yo quería habilidad de malabarista para posibles naufragios del alter ego.